Mini Cart 0

Tu carrito está vacío.

Exposición “Naturis Pictorica”

Del 2 al 12 de noviembre, se puede visitar una parte de mi serie fotográfica “Naturis Pictorica” en la galería Espacio Mados, en Conde de Xiquena 12, Madrid. La exposición es una selección de 11 piezas, incluyendo trípticos y retablos, que versionan o interpretan cuadros de naturaleza y paisaje de diferentes momentos de la historia del arte, pero la serie completa tiene muchas más piezas.

 Ya sea fruto de la coincidencia o de una búsqueda más o menos consciente, todas ellas versionan obras de artistas impresionistas, románticos y del arte de vanguardia, tales como Monet, Klimt, Pollock o Friedrich. En ocasiones, las fotografías son un vivo reflejo de las obras que las inspiraron en su momento; y en otras, simplemente, son una mera interpretación personal. Para ello, las fotografías han sido editadas con un marcado aspecto pictórico, donde el color juega un papel expresivo fundamental, una propuesta que se mueve a caballo entre la pintura y la fotografía.

 

Durante los 10 días que dura la exposición, comparto espacio en la galería con tres pintoras: Pilar Palomino, Laura Salaverry y Lulú Figueroa,  con tres propuestas artísticas muy interesantes y diferentes entre sí.

En el siguiente enlace podéis descargar el catálogo de la exposición “Naturis Pictorica”, donde se incluyen todas las obras de la muestras así como otras piezas adicionales que componen la serie, incluyendo una reproducción de la obra original que la inspiró, como las que se presentan a continuación:

Libro “De Memoris”

Por motivo de la exposición  “De Memoris: un mapa de la memoria”, Jaime Oriz y yo, autores del proyecto, hemos editado y lanzado un libro de fotografía que sirve como catálogo de la exposición y que además incluye material adicional, tanto textos como fotografías del inéditas del proyecto. El libro, que ha contado con la financiación del Ayuntamiento de Zaragoza, tiene 182 páginas en total,  presenta más de 150 imágenes, y cubre las 7 estaciones de la memoria que definimos para la exposición. En la siguiente entrada de este blog puedes saber más acerca de esta exposición, su historia, estructura y proceso creativo.

El libro está diseñado y enmaquetado para una doble lectura: por un lado, para conocer la historia de Aurencio, mi padre; y por el otro lado, dándole la vuelta al libro, para acercarnos a la vida de Mariano, el padre de Jaime. Ambas historias, no obstante, replican la misma estructura del mapa de la memoria dividido en 7 estaciones e ilustran una serie de conceptos relacionados con estas que dialogan entre sí.

El libro está a la venta por 25€, precio que incluye el envío a domicilio. Los interesado, por favor, podéis contactarme por aquí.

Os dejo aquí abajo un video editado por Jaime Oriz donde se puede tener experiencia un poco más real del libro.

Exposición “De Memoris”

El pasado 9 de septiembre, mi compañero y amigo fotógrafo Jaime Oriz y yo, inauguramos la exposición fotográfica “De Memoris: un mapa de la memoria” en la sala Joaquín Roncal de Zaragoza. El proyecto, que contó con la financiación del Ayuntamiento de Zaragoza,  se centra en nuestras dos figuras paternas  y pretende, de algún modo, representar un mapa del funcionamiento de la memoria humana desde múltiples ángulos: desde el deterioro causado por una enfermedad neurológica, hasta el recuerdo nítido de los momentos felices o la distorsión que la memoria sufre con el paso del tiempo.

Para ello, Jaime y yo nos hemos acercado a dos personajes bien distintos: Aurencio, mi padre y anciano de 91, agricultor jubilado, quien, ya el último tramo de su vida, sirve como sujeto de reflexión a la esencialidad de algunos recuerdos; y Mariano, padre de Jaime Oriz, un hombre de 67 años que sufrió un ictus hace diez. Dos figuras que aúnan lo extraordinario de una enfermedad extraordinaria (por escasa) que afecta a la memoria, y lo ordinario (y por ello extraordinario), de alguien con la memoria repleta de vida y que ahora los que recuerdos que genera son más monótonos.

Detalle de una de los paños de la exposición. 

Con tal propósito, hemos configurado un mapa dividido en siete estaciones que proponen al espectador un recorrido expositivo a través de la memoria de Mariano y Aurencio: la memoria del ayer (lo que fue y se recuerda), la memoria del hoy (el día a día), la memoria del ahora (o no memoria), la memoria del cuerpo (lo que permanece y se deteriora), la memoria oculta (inconsciente y subconsciente), la memoria del corazón (lo que nunca se olvida), y la memoria del mañana (o memoria perpetuada).

Este recorrido expositivo incluye 145 piezas que explican 45 conceptos diferentes relacionados con la memoria, sirviéndose de fotografías de pequeño y gran tamaño. Al igual que actúa la memoria, la exposición muestra recuerdos-imágenes desordenados, en los que hay saltos en el tiempo, momentos caprichosos o emotivos, y también ausencias.

Este itinerario planteado un itinerario que no tiene rigor científico y no ha sido creado con la pretensión de servir como retrato psicológico o catálogo humanístico; se trata, más bien, de un mero ejercicio artístico que intenta reflejar una parte de la memoria y de nuestros padres, y que a su vez sirva como reflexión sobre el paso del tiempo de la vida de todos nosotros.

Visita guiada el día de la inauguración

La exposición fue inaugurada con un evento de presentación y visita guiada el día 9 de septiembre, y estuvo abierta hasta el 1 de octubre. Diferentes medios de internet como el Periódico de Aragón, Zaragoza Guía, o  Fanfan cubrieron la noticia. En los links que acompañan esta entradilla se pueden leer las noticias al completo con material adicional, y también en este artículo de prensa escrita.

¿Qué es la regla 60-30-10?

La regla 60-30-10 en decoración es una formula que combina elementos de tres colores distintos siguiendo esa determinada distribución de proporciones. Esta técnica implica definir un color base o predominante, al que le asignaremos el 60% del espacio, y combinarlo con otros dos: un secundario destacado, con un peso visual del 30%, que es el que otorgar carácter y personalidad; y un tercero al que le daremos un 10% a modo de notas de color, que ayudará a completar la formula creando un entorno distintivo. 

Un ejemplo de esta aplicación sería un salón en el que el color de base, el dominante, sería el blanco, que aparecerá en paredes y grandes superficies lisas. Este lo combinaríamos con un color secundario, pongamos, por caso, el amarillo para en el sofá; y con toques de azul en algunos elementos decorativos, como cojines o cuadros. En este artículo de la revista Elle Decor lo cuentan muy bien. No obstante, a continuación os comparto un par de estrategias de cómo introducir cuadros en decoración para conseguir la proporción 60-30-10. 

 

Cuadros que repiten el esquema 60-30-10

A la hora de poner un cuadro en un espacio decorado de acuerdo a una regla 60-30-10, es elegir uno que replique ese mismo esquema de color. Sería el caso de la imagen siguiente. El cuadro “Mujer de amarillo sobre fondo azul” contiene los tres colores en lo que se han concebido este esquema (blanco, amarillo y azul), que replican a su vez los colores de la pared, el sofá y los cojines, lo que acentúa la sensación de tricotomía en el espacio.  

 

Cuadros que introducen un nueva nota de color para conseguir el 60-30-10

En esta segunda técnica, se trata de introducir cuadros o fotografías concebidas en un color que aporte una nota distintiva a un entorno de decoración diseñado en otros dos colores distintos, a ser posible, complementarios a estos.  

En el caso de la imagen de cabecera, el díptico “Hojas de cuero” , aporta un toque de color en negro en el fondo de las imágenes y el paspartú, que complementa al gris oscuro y ocre en las que está diseñado el salón, al tiempo que el tono ocre y dorado de las hojas está en línea con el del sofá. 

En la imagen siguiente, la obra “Impresión, acantilados”, es una composición abstracta en forma de tríptico en la que el color predominante es el azul pálido, un color que complementa los otros dos que aparecen en la estancia: el blanco dominante, en paredes y mueble; y el beis secundario en los sillones. Con este añadido de color en los cuadros se pasa de una estancia decorada en dos colores a una más armónica que cumple con la regla 60-30-10. 

Idéntico caso es el de la obra “Horizonte Sabina”. En esta ocasión, el toque de color viene del anaranjado del cielo, que es complementario del azul dominante de la estancia. Asimismo, el negro secundario lo vemos en muebles y en dos tercios del cuadro. 

Algunos ejemplos de mi galería

Trampantojos

Según el Diccionario de la RAE, un trampantojo es una “Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es”. El término deriva de la expresión “Trampa ante el ojo”, que es de origen francés (Trompe l´oeil, o lo que es lo mismo: “engaña el ojo”). En el campo del arte, se trata de una técnica pictórica que consiste en representar elementos arquitectónicos tales como ventanas, puertas, molduras u ornamentos de un aspecto tan realista que mediante un fino trabajo del artista en texturas, volumen  y perspectiva, crean la falsa ilusión de ser reales, a pesar de estar representadas en una superficie lisa. Esta técnica se hizo muy famosa en Pompeya y Herculano, en la época romana, se extendió durante el Renacimiento como práctica habitual, y alcanzó su máximo realismo ya en el Barroco. Uno de los ejemplos más conocidos, tal vez el más sublime,  es la bóveda y cúpula de la Iglesia de San Ignacio de Loyola pintada por Andrea Pozzo, mi favorita de la ciudad cuando viví en Roma. 

Falsa cúpula de la iglesia de San Ignacio de Loyola en Roma, obra del artista italiano Andrea Pozzo (1685) 

 

Origen antiguo 

Pero el primer trampantojo que se conoce en arte no es del Renacimiento, ni siquiera del arte romano, sino más antiguo aún, de la Grecia clásica. En el siglo V a.C. fue célebre la disputa entre dos famosos pintores de la época Zeuxis y Parrasio, que terminó de decantar el segundo a su favor al ser capaz de crear una pintura con unas uvas tan reales que hasta los pájaros quisieron picotearlas. 

Pero lo mismo que hablamos de un efecto ilusionista o “trampa al ojo”, también podemos hablar de engaños a otros sentidos, el gusto, el tacto, ¿por qué no el oído? Veamos cómo se aplica la teoría del trampantojo en otras disciplinas creativas. 

 

En gastronomía

El trampantojo gastronómico, consiste en crear una elaboración culinaria con la apariencia de otra cosa completamente distinta, de modo que lo que nos dice el ojo se contradice con lo que averigua el paladar, provocando un efecto sorpresa en el comensal. Así podemos comer cerezas con sabor a chocolate, huevos que en realidad no lo son, o incluso zamparnos una manzana que por dentro es una naranja. Ferrán Adria y la repostería de su hermano Albert, hicieron famosos sus trampantojos en el El Bulli. Pero si hay un chef español que ha destacado por su gran destreza con el trampantojo ese es Diego Guerrero, hoy chef de Dstage, en Madrid, y antes (sobre todo), de Club Allard 

Trampantojo dulce de ajo morado de Dani Guerrero

 

En fotografía

Uno de los mayores exponentes del trampantojo fotográfico lo tenemos en casa y es español: nuestro Premio Nacional de Fotografía Chema Madoz. No quiero añadir mucho aquí porque la obra de Madoz es mejor disfrutarla sin explicación alguna, pues son imágenes que hablan (o más bien insinuan) por sí solas, que crean gran cantidad de interpretaciones, que son pura poesía. Hace poco estuve en su última exposición en el Círculo de Bellas Artes: Crueldad. Me pareció maravillosa. Y aunque el estilo de Chema es perfectamente reconocible desde hace décadas, la cantidad de obras-concepto que salen de su imaginario es infinita. No hay más que darse una vuelta por su página para comprobarlo.

Trampantojo fotográfico de Chema Madoz

 

La serie “Trampontojos” en mi Galería

Bueno, pues yo también me he atrevido con esta técnica, con mayor o menor fortuna, pero la intención es innegable. Puedes ver algunos cuadros en el filtro “Trampantojos” de mi galería.  ¿Cómo los conseguí? Te cuento a continuación tres ejemplos:  

Coral Tree

Esta obra, que también se podría titular “Árbol quiere ser coral”, simula una captura en un fondo marino de un grupo de corales “Mirando” hacia la luz que les viene de la superficie, pero en realidad no es mas que un árbol. Tomé la fotografía durante los últimos minutos de la “hora azul” subiendo mucho la ISO para rellenar la fotografía de grano, con el balance de blanco en el modo sombra para dotarla de cierta matiz cáliz. La luz que parece provenir de la superficie es en realidad una farola cercana, y los árboles están sin hojas porque era invierno. Obviamente, los colores fueron alterados en edición. La foto está tomada en la plaza del Marqués de Salamanca, en Madrid. Nada de océanos. 

 

Oro en texturas

Cuando tomé la fotografía, tal vez por similitud o asociación, me vino a la mente esos famosos postres de chocolate en varias texturas (normalmente, tierra, brownie, chocolate fundido), y vi todas esas mismas texturas ahí juntas. Técnicamente, la fotografía no tiene ningún misterio, fue más una tarea de edición, trabajando con las curvas y modificando el color y la luminosidad en las altas luces. Eso, y el lugar, que es mágico: un cráter-lago en la región de Landmannalugar, en Islandia.

 

Palacio de Cristal (y bosque)

La trampa de esta obra del Palacio de Cristal de Madrid es en hacerla parecer una fotografía de exposición múltiple (la estructura metálica del palacio tomada por un lado, el bosque por otro), cuando en realidad no lo es. Se trata de una toma hecha a la cristalera desde dentro del palacio, enfocando a los árboles del parque que había fuera. “El truco” de la foto está, precisamente y solo ahí, en la superficie acristalara, que en ese momento, reflejaba parte de la estructura metálica del palacio, haciendo que la arquitectura y los árboles se fusionaran hasta confundirse. Después, en edición, trabajé las curvas y el enfoque para acentuar esta sensación. 

¿Te gustan los trampantojo fotográficos? ¿O prefieres más los trampantojos de Dani Guerrero? 

 

Algunos trampantojos de mi galería

Inspirado en Japón

En la sección “Proyectos” que colgué hace unos días conté un encargo para una pareja que me pidió un cuadro de naturaleza para su salón. Después de varias intentonas, el proyecto se termino materializando en la obra En un rincón del Pirineo”, una imagen de un bosque de factura impresionista tomada en un valle pirenaico. La ubicación de la fotografía no fue ningún secreto (puedes leer el proyecto completo aquí), pero lo que no cuento en la descripción del proyecto es que la obra está inspirada en una famosa pintura japonesa de principios del siglo XX, concebida originalmente en pintura de acuarela aplicada sobre un bloque de madera. En concreto, se trata de la obra Cerezos de Kuomi (1926), del artista japonés Hiroshima Yoshida., uno de los principales artistas de acuarela de la pintura tradicional de su país.

Fotografía para el proyecto “En un rincón del Pirineo” inspirada en la obra del japonés Yoshida.

 

Aunque, como se puede ver en la comparativa de las dos obras, el resultado final recuerda bastante al original, lo cierto es que la fotografía original que tomé en formato Raw casi nada tenía que ver con esa otra. Entre medias hubo un largo proceso de edición con Lightroom. Una de las herramientas que utilicé fue la herramienta online gratuita de Adobe Color, la cual permite extraer el tema de color de una imagen. Son cinco los tonos básicos en los que  la herramienta descompone una imagen, ya sean tonos a todo color, apagados, intensos, claros u oscuros, según el filtro que apliquemos. En la imagen de abajo puedes ver el tema de color extraído de la imagen original de Yoshida que extraje en Adobe con el código numérico RGB correspondiente para cada tono. 

Extracción del tema de la obra de Yoshida con la herramienta de Adobe Color

 

Estos cinco colores me sirvieron como base y, aunque no fui 100% fiel a ellos, los utilicé como referencia a la hora de editar el color en Lightroom, modificando luces, sombras y valores intermedios acercándome a esta gradación. En mi caso, la luz violácea del cielo fue sustituido por un fondo crema con algunos destellos en azul, que iban más en línea con el entorno de decoración al que iba destinada la obra.

En cuanto a la composición, aunque mi fotografía recuerda a la original, a mía es una imagen menos figurativa y de factura mas abstracta. Además, no existen figuras humanas como en la de Yoshida, y eso lo tuve en cuenta para remarcar la importancia de la naturaleza como tema, que era una de las peticiones expresas de la pareja. En cualquier caso, la inspiración está ahí, en la obra de Yoshida, y las líneas generales de la obra, son claras. 

 

Conoce la historia completa sobre la obra final aquí

El séptimo sello

— ¿Quién eres tú?

— La muerte.

— ¿Es que vienes por mí?

— Hace ya tiempo que camino a tu lado.

— Ya lo sé.

— ¿Estás preparado?

— El espíritu está pronto, pero la carne es débil. Espera un momento.

— Es lo que todos decís, pero yo no concedo prórrogas.

— Tú juegas al ajedrez, ¿verdad?

— ¿Cómo lo sabes?

— Lo he visto en pinturas y lo he oído en canciones.

— Pues sí, realmente soy un excelente jugador de ajedrez.

— No creo que seas tan bueno como yo.

— ¿Para qué quieres jugar conmigo?

— Es cuenta mía.

— Por supuesto.

— Juguemos con una condición, si me ganas me llevarás contigo, si pierdes la partida me dejarás vivir.

— Las negras para tí.

— Era lo lógico, ¿no te parece?

El séptimo sello, INGMAR BERGMAN

 

Esta imagen, junto con unas cuantas más, componen una serie que hice en la famosa Black sand beach cerca de la ciudad costera de Vik, en el sur Islandia. En una de ellas, se ve a un hombre adulto vestido con una gabardina oscura y larga hasta los tobillos que camina encorvado por el borde de la playa, casi pisando las olas. Por el encuadre de la foto, su cuerpo aparece flanqueado por dos enormes pináculos de piedra volcánica que se alzan, al fondo, varias decenas de metros por encima del mar. 

Cuando se la enseñé a un amigo, profesional de la fotografía y el cine, me dijo: «Esto es el Séptimo sello». En un primer momento, no caí en la cuenta a qué se refería. Él fue el que me señaló un fotograma de la película de Bergman que, nada más verlo, recordé la primera vez me pusieron la película en el colegio, cuando tenía trece o catorce años y que, por alguna extraña razón, había permanecido oculto en mi memoria hasta que encontró una salida, sin que yo fuera consciente, aquella mañana en Vik. A veces, se dan estas casualidades. Uno cree haber tomado una imagen singular, única por su punto de vista, o haber escrito un verso o un párrafo con un planteamiento de lo más original, y le vasta acudir a un libro, una exposición o una película para comprobar que otros lo hicieron mucho antes que él.  Ocurre más a menudo de lo que nos gustaría reconocer. 

El fotograma original de la película de Bergman y una de las fotos que tomé en Vik.

Aquella mañana tiré un buen centenar de fotos en la playa de arena negra, de los acantilados, de los pináculos de roca basáltica, de la gente que caminaba por allí, de la cueva y del mar al fondo. Luego, cogí el coche para acudir a un mirador en lo alto de los acantilados desde el que poder gozar de una panorámica más amplia de la zona, ya sin la presencia del hombre de la gabardina. Anduve haciendo más fotos durante un rato más, hasta que, en una de ellas, justo cuando encuadraba el paisaje centrándolo en un islote de piedra que dominaba la playa, con los pináculos aguardando al fondo, un pájaro negro pasara por delante batiendo alas, completando así la imagen con su repentina aparición. Esta fue la foto que tomé aquella mañana, una vez ya editada, y que puedes encontrar en mi galería. 

La película completa está disponible en Youtube aquí. En las primeras escenas se puede ver una panorámica de una playa que recuerda mucho a la que fotografié en Islandia. 

 

Un cuadro de la playa de Vik en mi galería